Todo nos afecta a todos

Artículo de Jacqueline Alencar

Foto de Jacqueline Alencar (Plaza Mayor de Salamanca)

Infinitamente y de todas las formas hemos estado clamando por que se priorice la dignidad del hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, y por tanto, no deberíamos dudar ante dicho clamor. Rogamos por la justa distribución de los recursos. Por lo equitativo, por lo igualitario. Y he aquí que de pronto veo que hemos sido puestos en un mismo plano de igualdad. No son gratos estos difíciles momentos en los que oigo por todas partes la palabra ‘unidad’, ‘todos juntos venceremos’, tú puedes salvar vidas’… Y me hicieron recordar un pasaje de la primera carta que el apóstol Pablo escribiera a los Corintios:

“… Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso. Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo. Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros. Antes bien los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios; y a aquellos del cuerpo que nos parecen menos dignos, a estos vestimos más dignamente; y los que en nosotros son menos decorosos, se tratan con más decoro. Porque los que en nosotros son más decorosos, no tienen necesidad; pero Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba, para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros se preocupen los unos por los otros. De Manera que, si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan…”.

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