Artículo de Plutarco Bonilla

Estamos atravesando en la actualidad una situación particularmente difícil. No solo en nuestro país, sino en todo el mundo. La pandemia de este coronavirus ha disparado la imaginación de los seres humanos. Unos hacen burla; otros se inventan bromas, a veces como inocentadas y a veces con mensajes punzantes. Los mismos cristianos dan respuestas muy variadas: desde que se trata de un castigo divino hasta que Dios no tiene nada que ver con esto, pasando por un “Dios lo ha permitido”. Las tres posiciones nos parecen erróneas.
La verdad es que hay zozobra, miedo, inquietud, incertidumbre por el futuro que nos espera. ¿Cuándo parará esta epidemia? ¿Cuántos muertos habrá? ¿Qué secuelas nos dejará? ¿Veremos de aquí en adelante el mundo de la misma manera? ¿Qué nos pasará a nosotros y a nuestros seres amados? De seguro, habrá muchas más preguntas que todos, incluidos los cristianos, nos hacemos. Todo ello es comprensible. A fin de cuentas, todos somos seres humanos.
Y en medio de esta pandemia, los cristianos de todos los signos celebramos hoy la resurrección de Jesús.
Pero…

Actualmente, el mundo enfrenta una crisis sin precedentes que ha generado diversas reacciones. Desde el humor hasta las reflexiones más profundas, cada persona intenta procesar esta realidad de manera diferente. Las respuestas religiosas también varían, desde atribuir el problema a un castigo divino hasta negar cualquier conexión con lo espiritual. Sin embargo, lo que más resalta es la incertidumbre y el temor por lo que depara el futuro. ¿Cómo podemos encontrar un consenso o una respuesta sólida en medio de tanta confusión?